Apenas con seis años, su padre lo llevaba al estadio. Le apasionaba ver el fútbol, ver cuando se cambiaban los marcadores manualmente y la salida de los equipos a la cancha, en los tripletes que empezaban a las once de la mañana. De tal manera, que su madre preparaba cada domingo, bistec encebollado con yuca o lomo saltado, para trasladarlas al estadio en portaviandas.
Así fue su cariño y atracción por el más popular de los deportes que es el fútbol, por lo tanto fue creciendo y escuchando narraciones, como las de Oscar Artacho, Humberto Martínez Morosini y Lucho Vélez. Los comentarios de Raúl Goyburu, Eduardo San Román y Miguel de los Reyes; un gran equipo de profesionales.
Las veces que no podía ir al estadio, encendía su radio grande de marca Phillips. Fue tanta su admiración por Oscar Artacho, que comenta como anécdota, cuando un domingo se preparó para escuchar el cásico del fútbol peruano entre Alianza –Universitario, y no escuchó a su narrador favorito, quedó frustrado y tiró por la ventana el tallarín rojo preparado.
Así fueron pasando los años, meticuloso en las diferentes transmisiones que se hacían. Terminando el colegio, empezó a estudiar Educación e ingresó en 1970, a trabajar en la oficina de Comunicaciones del Seguro Social, al lado de Alberto Best Ramos; a quien considera su maestro y descubridor en el campo del periodismo deportivo.
Best, tenía su columna Al Toque en el diario Última Hora. Se dio cuenta de las condiciones que tenía Elejalder y le recomendó comprarse una grabadora y practicar en ella. Un día lo mandó a Barranca a ver el encuentro de los equipos más populares de esa zona, le pidió hacer un avance y relatar el partido. Era una especie de examen que aprobó, y a partir de ello, se inició como “datero”, asistiendo a diferentes escenarios.
En el episodio de su vida, está también el haber terminado Periodismo en la Jaime Bausate y Meza. En febrero de 1971, debuta haciendo comentarios en el programa Campeonísimo de radio Central. Tito Navarro, quien era director, le dio la oportunidad en el intermedio del partido que disputó Universitario y Sima. Al terminar el encuentro le encomendaron ir al día siguiente, al estadio de San Martín de Porres.
Por consiguiente, durante cinco meses, alcanzaba las alineaciones en el Campeonato de Segunda División y luego comentaba. Un día, no vino el narrador principal y con gran emoción relató el partido. Ya empezaba su ciclo como narrador. Posterior transmitiría Primera, en los preliminares, segundo partido y los estelares. Vendrían clásicos, selección juvenil, mayores y finales.
Pasaron diez años y el operador Juan Pizarro, lo animó a integrarse al programa Ovación de radio El Sol, cuyo director era Alfonso “Pocho” Rospigliosi, llegando a un acuerdo e iniciando una etapa, en la que habían pasado grandes hombres del micrófono, como Lucho Izusqui, Miguel Portanova, Juan Iglesias, Arturo Hernando, Luis Garro, Ítalo Villarreal y otros.
Al principio le fue un poco difícil, por los diferentes comentarios de sus colegas. Unos lo animaban, pero otros le decían que no estaba haciendo bien las cosas. Los sábados conducía un programa con música y deportes, para esto había un cuadro de comisiones, que era calificado por ”Pocho”; aquel que no cumplía, tenía la marca de color rojo. Durante cinco años, siempre mantuvo el azul, color de aprobación.
“Convencido de que todo marchaba bien, un día fui a ver mi cuadro de comisiones y estaba en rojo, me sorprendí. Cuando voy a hablar con “Pocho”, para saber el motivo de mi calificación, me doy cuenta que en una transmisión de fútbol rápido, que habíamos hecho, me confundí en nombrar el nombre de un auspiciador por otro. En vez de decir pilas Rayo Vac, dije pilas Varta”, declara sonriente.
Desde 1981, continuó en Ovación, el narrador indiscutible era Luis Izusqui, sin embargo, en un clásico Alianza-Universitario no llegó al estadio Nacional, haciendo su primera narración. Luego llegarían Mundiales, Olimpiadas, Copas Américas; pero no solo con fútbol, también narró un Sudamericano de Billar. Al mismo tiempo, intervino en programas como Charlas de Café, donde se entrevistaban a artistas, y Tres en Ovación, donde se ponía una canción en tres ritmos distintos.
En la televisión, participó en Gigante Deportivo de Panamericana como reportero. El programa iba todos los domingos de 12 a 3 de la tarde, luego estaría Augusto Ferrando con Trampolín a la Fama. Fueron años hasta la muerte de Alfonso Rospiglioso en 1988. Continuaría su hijo Micky, con quien ya había asistido a su primer Mundial de Argentina 78. Además, asistiría a siete mundiales.
“Antes, en 1973 empecé mi labor en la pantalla chica, en Canal 7,durante cuatro años; en el programa La Juventud de Hoy, en cada hora entraba un bloque deportivo que yo lo producía. Participé también en América Televisión y Canal 11 con el programa El Ángel del Deporte y luego en Latina con Gustavo Barnechea”, concluye.
Hizo una secuencia de cine, y no podemos olvidar su faceta de presentador de box. Es como termina la semblanza de otro locutor limeño, que nació el 3 de abril de 1952.

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